
Mujeres cartoneras de la ciudad bonaerense de Tandil reivindicaron el aporte social y ambiental del trabajo que realizan las y los recuperadores en Argentina y compartieron sus historias de vida, lucha y cooperación para alcanzar condiciones dignas de trabajo. “Amo mi trabajo, no lo cambiaría”, aseguró a Télam Daiana Canziani (32), cartonera, referente de la Cooperativa de recuperadores de Tandil, conformada hace seis años y con 90 integrantes.
Canziani trabaja de día en la cooperativa, situada en el centro de Tandil, y por las noches en el basural ubicado detrás de la ruta nacional 226, a donde va junto a su marido Fernando y, a veces, también con su mamá y su hermana, para así “tener un ingreso extra” en la familia.



“Siento que las y los cartoneros aportamos mucho. A nuestros hijos les contamos cuánto nos cuesta y les explicamos la importancia de separar el material, lo que también le pedimos a los vecinos que hagan en origen”, destacó la mujer.
El día laboral de Diana es “muy largo”: de la cooperativa llega a su casa, ubicada en el barrio La Movediza, un lugar de trabajadores de la economía popular, y a las 18 se cambia y se va a “la montañas de basura”, en donde permanece hasta las 3 de la mañana.
“Vamos caminando y sacando material: plástico, cartón, latas, soplados; los voy poniendo en mezcla en bolsones, hasta que el de seguridad nos hace bajar para que descarguen once camiones. Después, en el campo todo oscuro, lo único que nos ilumina son las linternas, y seguimos revisando”, contó.


En una ida al basural, Daiana y Fernando pueden llegar a llenar unos ocho bolsones con todos los materiales mezclados, y un bolsón de cartón pesa aproximadamente 80 kilos que ella baja de “la montaña” para cargar al auto. Luego, los llevan a su casa y de ahí ella se va a la cooperativa, sus hijos a la escuela, y él se queda separando el material. “Vivimos de esto. Para comer alcanza, pero, si uno quiere tener gastos extra, como comprar ropa, no”, detalló la recuperadora.
Cuando van al basural, sus hijos, que quedan a cargo de su cuñada durante las noches, les piden que busquen “juguetes y aluminio”. Es que el aluminio, como “vale un poco más”, lo acopian en el patio de su casa, como una forma de ahorro, que cambiarán en fechas “importantes”, como la Navidad y los cumpleaños, en las que “hay más gastos”. Mantener el material a la intemperie no es para nada sencillo: hay que cuidarlo de la lluvia y de las cucarachas, entre otras cosas.
La casa, en donde viven hace 15 años, la construyeron “con sacrificio y de a poquito”, resaltó la trabajadora, en un terreno tomado, con ayuda de un grupo de mujeres de la organización “Cadena de favores”. Empezaron viviendo en una pieza con un nylon y pasaron años sin tener baño.

En la semana viven del cartón y del cristal (botellas de bebidas transparentes). Lo más peligroso de llevar a la casa es el vidrio, por eso dejaron de juntarlo.
En el basural, la recuperadora se encuentra por la noche con unas 50 familias, muchos jóvenes y la mayoría, mujeres. “Tengo compañeras que van desde hace 20 ó 30 años. Son señoras que en bicicleta cruzan toda la ruta a oscuras, atraviesan calles de tierra, van aunque el cuerpo no les responda, y aunque están cansadas, están ahí con frío, lluvia. Es un sacrificio, a veces solo por una bolsa de latitas. Tandil está ocultando una parte de mucha necesidad”, consideró la referente cartonera.
En la cooperativa, la joven se ocupa de la administración, también del sector de material reciclado, recibiendo el material que llevan los habitantes del lugar, y suple a otros en los puestos que haga falta. “La gente que se acerca a la cooperativa está recontenta con el trabajo que hacemos. Se ha revalorizado mucho el trabajo del cartonero y nos ayuda tener la vestimenta”, resaltó.
La organización cuenta con un camión, tienen dos enfardadoras nuevas, una balanza y una cocina chiquita, con proyecciones de ampliación. En tanto, al galpón lo tienen gracias a un subsidio que les da el municipio.
Su sueño es “estar en una planta -que están negociando- con todos los compañeros con los puestos fijos de trabajo”, pero al mismo tiempo reconoció que “va a ser difícil”.
La cooperativa, por su parte, entrega vestimenta, carros y bolsones a quienes trabajan de manera informal, que están afuera y no pueden participar en la venta colectiva que hacen cada 15 días, porque “ellos necesitan el día a día”. “Lo que para otros es basura, para nosotros es poder tener un plato de comida”, sentenció.





